MI PASO POR EL COLE. ALUMNOS DE 2º ESO

A punto de comenzar una nueva andadura, en la recta final de una larga historia que comenzó con tan sólo tres años, miramos hacia atrás y recordamos con cierta nostalgia los momentos que vivimos durante unos años de inocencia e ilusión. Los muros de este edificio nos han visto crecer y si pudieran hablar serían mejores narradores que nosotros.

Nos conocimos en primero de infantil llevando bata escolar y sin levantar tres palmos del suelo. Allí nos enseñaron a leer, a sumar y a no darle una patada al compañero cuando destrozaba nuestro dibujo a propósito. Después vino la Primaria, que resultó ser toda una aventura que ni la misma “Dora La exploradora” hubiera experimentado mejor con su sabia mochila y en compañía de su mono. Conocimos a Paco, quien nos recibía con su sonrisa cada mañana en la puerta del colegio, y los que éramos tardones, que nada tiene que ver con el programa escolar, veíamos sonreír a Carmen en su garita de soldado lista para ayudarnos a todos con su dulzura. Eran tiempos fáciles, no teníamos que estrujarnos el cerebro teniendo que resolver ecuaciones y los únicos Reyes que conocíamos eran los Magos, católicos o protestantes importaba poco con tal de que nos trajeran muchas chuches.

Empezamos a conocernos y a gustarnos y disgustarnos, los que no nos mirábamos en cuarto de primaria ahora somos los mejores amigos en secundaria. El patio ha sido testigo de peleas y reconciliaciones, y si no que se lo pregunten a aquellos que han recibido balonazos, respuestas subidas de tono o miradas fulminantes. O a nuestros queridos profesores que han tenido más paciencia que el propio Padre Eladio. Ha sido un viaje intergaláctico en el cual algunos hemos conocido la luna cuando no dormíamos lo suficiente o no entendíamos la explicación de las raíces cuadradas, y también estábamos los que veníamos de Marte, que por mucho empeño que le hayamos puesto, seguimos siéndolo, y es que, Trinitarias , es lo que tiene, aquí hay cabida para todos. Pero lo que mejor recordamos, y no es precisamente la sintaxis ni la conjugación de los verbos, son las chocolatadas y los hinchables de las fiestas del cole en edificio de Peña de Francia. Allí además conocimos a los Padres David y Arsenio que nos dieron la Primera Comunión de la mano de Cristina y Sor Teresa, un día inolvidable donde aprendimos que el Colegio era lo más parecido a esa gran familia que es la Iglesia.

Por último, y como son los que tenemos más recientes, y los que nos van a poner las notas (broma), quisiéramos agradecer a  Lucía, Manolo, Raúl, Belén, Ángel, Sor Beatriz , Cristina, María y Sole que nos hayan enseñado que la adolescencia es un buen momento para aprender, a pesar de nuestra montaña rusa de emociones y peleas hormonales; los echaremos de menos. Pues bien, ahora, a coger el autobús que nos toca , a lidiar con los avatares del próximo curso y también, como no, a echar de menos todos estos años en el mejor de los colegios posibles con los profesores más molones que se pueda imaginar. Pero, recordad, solo decimos “hasta siempre”, porque nos cambiamos de edificio pero no nos vamos del colegio… “No se vayan todavía, aún hay más”.

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