Feliz día de Todos los Santos

Celebramos hoy la fiesta de tantas personas anónimas, esas que no han sido canonizadas oficialmente, pero que han vivido al estilo de Jesús y cuyas vidas han sido reflejo del evangelio.

Los alumnos de @coletrinitarias también lo han celebrado, agradeciendo la vida de tantas personas como hoy, en medio de estas circunstancias tan especiales que nos está tocando vivir, reflejan el amor de Dios a través de la entrega generosa de su vida. Todos estamos llamados a vivir en santidad en nuestro día a día, en nuestra vida en familia, en el trabajo, con nuestros amigos, compañeros… Hoy recordamos a tantos que nos enseñaron que ser santos es posible.

El 1 de noviembre la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, tanto los conocidos como los anónimos. Es la celebración de todos aquellos que comparten el triunfo y la gloria de Cristo en virtud a su esfuerzo por seguir de cerca al Maestro. La Iglesia celebra este día vestida de blanco, al verse confirmada como madre que convoca a sus hijos a la salvación; mientras que los hijos se ven fortalecidos por el ejemplo de quienes se adelantaron en la fe y la caridad.

En el año 2013, el Papa Francisco hizo una hermosa exhortación a la multitud que lo acompañaba en la celebración de esta Solemnidad: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.

No olvidemos nunca que ¡estamos llamados a ser santos! Y que debemos recordar y agradecer la vida de esos hombres y mujeres que lo dieron todo por amor.

«Hay santos anónimos, esos que no fueron oficialmente canonizados, pero cuyas vidas han sido reflejo auténtico del evangelio. Eso celebramos hoy. Esto lleva a pensar. Por una parte, que a lo largo de la historia ha habidos muchos más de los que pensamos. Y por otra, que también hoy en día hay muchos por ahí, hombres y mujeres anónimos, que probablemente jamás pasarán a los libros de historia ni a los calendarios litúrgicos, pero que, sin embargo, son santos.

¿Qué tienen en común? Que sus vidas apuntan a Dios de manera clara. Que lo que viven, lo que hacen, y lo que dicen, deja traslucir al espíritu de Dios al que han dado cancha en sus vidas. Y por eso, cuando los ves, intuyes que es posible el Amor, y la misericordia, y la compasión, y la justicia…

¿En qué se diferencian? En todo lo demás. Seguro que los hay jóvenes y ancianos, formados y analfabetos, mujeres y hombres, de derechas, de izquierdas, o apolíticos… Los habrá tímidos y extrovertidos, hiperactivos y pausados. Unos vivirán el evangelio en el contacto constante con la gente. Seguro que hay algún otro que consagra su vida a la ciencia en la soledad de un laboratorio o de una biblioteca. Bailan, rezan, toman un café, abrazan, lloran, aman, se enfadan, se equivocan, aciertan… porque son humanos, al fin y al cabo.

La santidad no es un perfeccionismo neurótico, ni un cumplimiento virtuoso para ponerse medallas de excelencia. Es una forma de amor. Radical, posible, definitiva. Y no es que sea deseable para que uno se pueda sentir orgulloso de sí. Es deseable porque es una forma de mejorar el mundo, y la vida propia y de los otros. A veces me pregunto si seguimos creyendo que se puede ser transparencia de Dios en este mundo. Porque se puede. Seguro que muy cerca de ti alguien es ventana abierta que apunta en esa dirección. Y tú, ¿por qué no intentarlo?»

José María Rodríguez Olaizola, sj

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